Ir al contenido principal

Entradas

Librerías que resisten

Dusan Velikovic escribió en «Amor mundi» que «un bombardeo es el suceso ideal para poner en orden mi biblioteca». Si, por nuestra parte, estamos en guerra con el coronavirus -y uno de los frentes de batalla es el encierro, el retiro, la cuarentena- no parece exagerado afirmar que este combate es propicio para reconciliarnos con los libros. Desde luego, un bombardeo y una pandemia son cosas distintas, pero a su vez nuestros enemigos tienen algo en común. No en vano son dos de los cuatro jinetes del Apocalipsis. El caso es que Madrid, poco a poco, se va recluyendo. Esta ciudad, «rompeolas de todas las Españas», se va yendo a casa como a regañadientes. Por cerrar, cierran hasta algunos bares, que en Madrid es casi inconcebible. En medio, pues, de la debacle del ocio, ¿qué nos queda? Nos quedan las librerías.  Los locales han cerrado han reducido su actividad al máximo, pero siguen vendiendo por internet. Troa , por ejemplo, ha eliminado los gastos de envío y distribuye...

11 de marzo

Hoy es 11 de marzo. En España, todos sabemos qué significa esa fecha. Es un día de recuerdo y luto.  Supongo que en días así sólo la Biblia puede brindar algo parecido a un consuelo. Sólo a través de Cristo en la cruz se puede contemplar el mal radical que en este día se recuerda. Tal vez sea que, como ya advirtió Pedro, no podemos ir a ningún otro lugar porque sólo El tiene palabras de vida eterna.

Cuarenta días

El coronavirus ha impuesto la cuarentena a muchas personas.  Cuarentena, que viene de cuarenta, evoca de algún modo el infinito que ese número representa. Cuarenta días y cuarenta noches llovió sobre el mundo cuando Yahvé desencadenó su ira y decidió destruir el mundo salvando sólo a una pareja de cada especie. Cuarenta años vagó Israel por el desierto.  Ahora nos toca a travesar un desierto. Algunos encerrados en casa. Otros hospitalizados. Todos con el ánimo en suspenso a la espera de que se desarrollen los acontecimientos.  Esta espera puede ser una buena ocasión para ajustar cuentas con la biblioteca. Si Samuel Pepys escribió un páginas prodigiosas sobre la peste que asoló Londres en 1665 o el Gran Incendio de 1666, no se ve por qué uno no pueda escribir sobre las lecturas con que sobrellevar estos días de forzado retiro.  Yo no estoy recluido, pero personas a las que aprecio lo están y esto, de algún modo, me hace solidario con su suerte. Espe...